30 ago 2007

Credibilidad y Representatividad

Uno de los principales problemas que se haya en nuestra sociedad es la falta de credibilidad para con los que lideran ciertos cargos representativos (sean pues autoridades e instituciones de diferente índole) dentro y fuera de la región. Estos han sido lanzados al mar de la desconfianza y a la generalización desproporcionada: entes elitistas que persiguen tan solo sus intereses.

Tal vez sea contradictorio con lo anterior, pero creo que la representatividad como tal no existe si no coexiste con la credibilidad. Una organización estudiantil, por ejemplo, que no goza de credibilidad no es nada, habla a la nada y no representa nada.

Para ser representativos, con el sentido que merece tal galardón, se debe gozar con un índice de credibilidad. Si no se es creíble no se es representativo. ¿Qué va representar quién no es creíble? Pues para el caso nadie le prestará la menor importancia; de ahí que hablamos de algo llamado indiferencia.

La credibilidad no abarca el hecho de decir cosas que son ciertas. Es decir, se pueden afirmar y defender cosas que sean ciertas y justas respectivamente, pero no por eso puedo concretar que soy creíble. La credibilidad implica, en su significancia, confiabilidad. Si no se es confiable no se es creíble. No pueden estar separados.

Valga pues que la confiabilidad sea un aspecto que va más a lo personal y que además está influenciado por los valores, prejuicios, la educación, el entorno, etc., los cuales pueden hacer que uno confíe más o menos en alguien.

Ahora bien, también quiero afirmar lo siguiente: la credibilidad depende de la confiabilidad si existe la coherencia en el individuo o ente evaluado. Y la coherencia es la correspondencia que existe entre lo que uno dice y lo que uno hace.

Por ponerles un ejemplo: Puede existir un tipo que hable con mucho denuedo sobre la excelencia profesional que debe existir en todo estudiante que forma parte, para nuestro caso, de la comunidad universitaria. Puede ser muy enérgico e inclusive pasional y hasta razón no le puede faltar. Pero resulta que este sujeto al dar un examen de algún curso curricular de la universidad, es una estrella en el ‘plaje’. No hay ‘profe’ que lo descubra e incluso no faltan compañeros que le ayuden en su labor. Concluyamos pues: ¿es coherente lo que dice con lo que hace? ¿Está constituyendo las bases para una excelencia profesional para su vida? Es decir ¿existe la correspondencia que antes ya mencioné? Pues para nada. Antes bien los observadores perciben el hecho consumado y se suscita en ellos un conflicto en donde la desconfianza, debido a la incoherencia, se da como resultado justificado del evento.

Compañeros, es menester que desde ya contemos con un grado de credibilidad. Hemos sido llamados a ser líderes y ser aquellos entes de transformación que ayude a avanzar a la colectividad.

Si no somos conscientes de nuestra responsabilidad social, caeremos en el meollo de la mediocridad y formaremos parte del problema y no de la solución. Es momento de forjar en nosotros la credibilidad a través de la confiabilidad debido a la coherencia ya antes mencionada. Cuando uno es creíble siempre cuenta con apoyo.

Seamos coherentes y podremos inspirar confianza. Seamos confiables e inspiraremos credibilidad. Seamos creíbles y podremos ser representativos.

Construyamos nuestro futuro desde ya. Seamos pues coherentes. Que haya correspondencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Si no somos fieles en lo poco, tendremos problemas con lo mucho

Una vez Albert Einstein dijo: Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. También Galbraith: Si no piensas en tu porvenir no lo tendrás.

Dejemos pues de ser indiferentes; es momento de trascender, de actuar y tener responsabilidad. Es tiempo de cambio y de lucha. Enfrentemos nuestra realidad. Cambiemos nuestra forma de pensar.